CAPITULO IV . Peripecias de una ninfa.
La envidia de Venus la Diosa de la belleza, Psyché, una ninfa o espíritu del bosque, poseía un notable atractivo. Venus, para castigarla, solicita a su hijo Cupido que lance contra ella sus flechas, las cuales peculiarmente el que las recibe se enamora de la primera persona que encuentra a su paso.
Cupido decide llevar a cabo la acción, pero cuando se disponía a disparar su flecha, tropieza y se hiere a sí mismo, originando de esta manera un enamoramiento intenso por Psyché.
Pero Cupido teme el castigo de su madre y para evitar mayocres complicaciones le pide a Psyché que jamás le vea el rostro, para que no descubra que es hijo de Venus.
Sin embargo, Psyché sucumbe a la curiosidad debido a la presión de su propia familia, que interpretan tal ocultamiento como expresión de una deformidad que Cupido buscaría esconder, y una noche, ya dormido Cupido, acerca una lámpara de aceite a su rostro descubriendo de esta manera su identidad, pero dejando caer una gota que despierta a Cupido de su sueño, quien entonces huye de su lado.
El mito continúa relatando el dolor de ambos amantes por su separación, pero el final de la historia es feliz, pues los dioses se apiadan de ellos, siendo Psyché, hasta el momento sólo una ninfa de los bosques, elevada a la categoría de Diosa Olímpica y naciendo de su relación con Cupido una hija a la que le pusieron por nombre Voluptuosidad.